Sobre el curso
La Sociedad Chilena de Obesidad invita a todos los profesionales de la salud universitarios interesados en actualizar sus conocimientos sobre obesidad y sus comorbilidades a participar en el Curso Online de Posgrado en Educación Continua en Obesidad 2026. Este programa se desarrollará completamente online, con clases en directo a través de Zoom, los martes y jueves a las 20:00 horas, iniciando el jueves 9 de abril de 2026.
DEFENSA DEL PESO CORPORAL Y SUS IMPLICANCIAS CLÍNICAS
La defensa del peso corporal es un sistema de supervivencia neurobiológico que interpreta la
pérdida de grasa como una amenaza vital. El hipotálamo, actuando como termostato central,
defiende un punto de ajuste (set point) mediante una respuesta coordinada que dificulta el
mantenimiento del peso a largo plazo. El mecanismo principal es la adaptación metabólica: el
organismo reduce su gasto energético más allá de lo esperado por la pérdida de masa, volviéndose
extremadamente eficiente en el ahorro de calorías. Simultáneamente, ocurre una violenta
readaptación hormonal: la caída de la leptina y el aumento de la ghrelina disparan el hambre
fisiológica, mientras que la reducción de varias enterohormonas involucradas en la disminución de la
ingesta alimentaria (GLP-1, CCK, PYY) anula la saciedad temprana. Finalmente, el cerebro
incrementa el impulso hedónico, haciendo que los alimentos calóricos resulten irresistibles. Esta
"tormenta biológica" explica por qué la recuperación del peso no es una falta de voluntad, sino una
respuesta fisiológica obligatoria que requiere intervenciones que logren modular estas señales para
tener éxito (cambios de estilo de vida permanente, fármacos antiobesidad de uso crónico, cirugía
bariátrica, etc).
ESTRATEGIAS NUTRICIONALES PARA EL TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD
La obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y recidivante, asociada a un aumento
significativo de morbimortalidad cardiovascular, metabólica y oncológica. Las estrategias
nutricionales personalizadas constituyen un pilar fundamental en su tratamiento integral, tanto como
intervención primaria como en combinación con terapia farmacológica y quirúrgica. La evidencia
actual respalda la eficacia de planes alimentarios hipocalóricos personalizados, priorizando la
calidad de los macronutrientes por sobre la restricción calórica aislada. Patrones dietéticos como la
dieta mediterránea, DASH, dietas basadas en plantas y enfoques moderados en carbohidratos han
demostrado beneficios sostenidos en la reducción de peso, mejora de la composición corporal y
optimización del perfil cardiometabólico. Asimismo, la distribución proteica adecuada resulta clave
para preservar masa magra, aumentar la saciedad y favorecer el gasto energético. Estrategias
emergentes como el ayuno intermitente, la restricción temporal de la alimentación y la manipulación
del índice glicémico muestran resultados prometedores, aunque su eficacia a largo plazo depende
de la adherencia y del contexto clínico individual. La modulación de la microbiota intestinal mediante
fibra dietética, prebióticos, probióticos y simbióticos representa un campo en expansión, con
potencial impacto sobre la inflamación de bajo grado, la homeostasis energética y la secreción de
incretinas.
DIABESIDAD EN EL SIGLO XXI. ABORDANDO LA INFLAMACIÓN CRÓNICA Y LA RESISTENCIA A LA INSULINA
La diabesidad, entendida como la coexistencia fisiopatológica de obesidad y diabetes mellitus tipo 2,
representa uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo XXI. Este binomio metabólico se
sustenta en un estado persistente de inflamación crónica de bajo grado y resistencia a la insulina,
procesos interrelacionados que aceleran la progresión de complicaciones cardiovasculares,
hepáticas y renales. El tejido adiposo disfuncional actúa como un órgano endocrino proinflamatorio,
caracterizado por hipertrofia adipocitaria, infiltración de macrófagos y secreción alterada de
adipoquinas, como aumento de TNF-a, IL-6 y disminución de adiponectina, contribuyendo al
deterioro de la señalización insulínica sistémica. La resistencia a la insulina se ve amplificada por
lipotoxicidad, estrés oxidativo, disbiosis intestinal y activación de vías inflamatorias intracelulares,
particularmente NF-kB y JNK. En este contexto, la hiperglicemia crónica y la hiperinsulinemia
compensatoria perpetúan un círculo vicioso de inflamación metabólica. Abordajes terapéuticos
contemporáneos enfatizan estrategias integradas que combinan intervención nutricional
antiinflamatoria, reducción sostenida de peso, actividad física estructurada y terapias farmacológicas
dirigidas a mejorar la sensibilidad a la insulina y modular la inflamación, incluyendo agonistas del
receptor GLP-1 y dual agonistas incretínicos.
ALIMENTOS ULTRAPROCESADOS Y SU IMPACTO EN LA SALUD PEDIÁTRICA
El consumo de alimentos ultraprocesados ha aumentado de forma sostenida en la población
pediátrica, consolidándose como un determinante relevante de la salud infantil. Estos productos se
caracterizan por su alta densidad energética, elevado contenido de azúcares libres, grasas no
saludables, sodio y aditivos alimentarios, junto con un bajo aporte de fibra y micronutrientes
esenciales. La evidencia científica los vincula con un mayor riesgo de obesidad infantil, resistencia a
la insulina, dislipidemia, hipertensión arterial temprana y un estado de inflamación crónica de bajo
grado. Desde el punto de vista fisiopatológico, la ingesta frecuente de ultraprocesados favorece
alteraciones en la microbiota intestinal, picos glicémicos repetidos y disfunción de los mecanismos
de saciedad, condicionando patrones alimentarios no saludables desde edades tempranas. Además,
la exposición precoz, junto con entornos alimentarios obesogénicos y marketing dirigido a niños,
contribuye a la consolidación de preferencias alimentarias de baja calidad nutricional. Frente a este
escenario, resulta fundamental implementar estrategias preventivas integrales que incluyan
educación alimentaria, promoción de alimentos frescos y mínimamente procesados, regulación del
entorno alimentario y participación activa de la familia y del equipo de salud, con el objetivo de
reducir el riesgo de enfermedades crónicas a lo largo del curso de vida.
REPLANTEANDO LA OBESIDAD. NUEVAS DEFINICIONES Y CRITERIOS DIAGNÓSTICOS
La obesidad ha sido tradicionalmente definida y diagnosticada en función del índice de masa
corporal (IMC); sin embargo, este enfoque resulta limitado para reflejar la complejidad biológica y
clínica de la enfermedad. En el contexto actual, la obesidad se reconoce como una enfermedad
crónica, multifactorial y heterogénea, caracterizada no solo por el exceso de adiposidad, sino
también por la disfunción del tejido adiposo y sus consecuencias metabólicas, inflamatorias y
cardiovasculares. La evidencia reciente impulsa un replanteamiento conceptual que incorpora la
distribución de la grasa corporal, la composición corporal, la presencia de complicaciones asociadas
y el impacto funcional sobre la salud del individuo. Nuevas propuestas diagnósticas promueven un
enfoque más integral, combinando parámetros antropométricos, marcadores clínicos y metabólicos,
evaluación de riesgo cardiometabólico y estadificación de la enfermedad. Herramientas como la
circunferencia de cintura, la relación cintura-altura, cintura-cadera, métodos de estimación de grasa
corporal y sistemas de clasificación basados en complicaciones permiten una mejor identificación del
riesgo y una toma de decisiones terapéuticas más precisa. Replantear la obesidad desde
definiciones y criterios diagnósticos más amplios y personalizados favorece un abordaje clínico más
eficaz, centrado en la prevención, el tratamiento oportuno y la reducción de la carga de enfermedad
a largo plazo.
EVALUACIÓN DEL PACIENTE PEDIÁTRICO CON OBESIDAD. UN ENFOQUE PRÁCTICO
La obesidad pediátrica constituye un problema creciente de salud pública con implicancias
metabólicas, cardiovasculares y psicosociales a corto y largo plazo. La evaluación integral del
paciente pediátrico con obesidad es fundamental para identificar factores etiológicos, estratificar el
riesgo cardiometabólico y orientar intervenciones terapéuticas oportunas. Un enfoque práctico
requiere integrar la historia clínica detallada, incluyendo antecedentes familiares, hábitos
alimentarios, nivel de actividad física, patrón de sueño y factores psicosociales, junto con una
evaluación antropométrica precisa que considere índice de masa corporal por edad y sexo,
circunferencia de cintura y velocidad de crecimiento. El examen físico dirigido permite detectar
signos de resistencia a la insulina, alteraciones puberales y comorbilidades asociadas, mientras que
la evaluación bioquímica debe individualizarse según edad, grado de obesidad y factores de riesgo,
priorizando el tamizaje de dislipidemia, alteraciones de la glucosa y esteatosis hepática. Asimismo,
resulta clave valorar el impacto emocional y conductual de la obesidad en el niño y su familia. Un
abordaje estructurado, centrado en el paciente y su entorno, facilita la toma de decisiones clínicas, la
derivación oportuna y el diseño de estrategias terapéuticas personalizadas orientadas a mejorar la
salud y el bienestar a lo largo del curso de vida.
PSICOLOGÍA DEL PACIENTE CON OBESIDAD
La obesidad es una enfermedad crónica compleja que trasciende el ámbito metabólico e involucra
de manera significativa factores psicológicos, emocionales y conductuales. La psicología del
paciente con obesidad desempeña un rol central tanto en el desarrollo como en el mantenimiento de
la enfermedad, influyendo en la relación con la comida, la adherencia terapéutica y los resultados a
largo plazo. Trastornos del estado de ánimo, ansiedad, baja autoestima, estigmatización y
experiencias de discriminación son frecuentes y pueden favorecer conductas alimentarias
desadaptativas, como la alimentación emocional y los episodios de ingesta compulsiva. Desde una
perspectiva clínica, la evaluación psicológica permite identificar barreras al cambio conductual,
creencias disfuncionales y factores motivacionales, facilitando intervenciones personalizadas.
Estrategias basadas en terapia cognitivo-conductual, mindfulness, entrevista motivacional y apoyo
psicosocial han demostrado mejorar la adherencia al tratamiento, la regulación emocional y la
calidad de vida, independientemente de la magnitud de la pérdida de peso. Integrar el abordaje
psicológico en el manejo multidisciplinario de la obesidad resulta esencial para promover cambios
sostenibles, reducir la estigmatización y mejorar los desenlaces clínicos y psicosociales del paciente
a largo plazo.
RIESGO CARDIOVASCULAR RESIDUAL EN LA OBESIDAD: ¿QUÉ ES, CUÁNDO Y COMO DEBEMOS TRATARLO?
El riesgo cardiovascular residual en la obesidad se refiere a la persistencia de eventos
cardiovasculares y daño vascular a pesar del control de los factores de riesgo tradicionales, como
presión arterial, glicemia y colesterol LDL. En pacientes con obesidad, este riesgo se ve amplificado
por mecanismos fisiopatológicos propios, incluyendo inflamación crónica de bajo grado, disfunción
del tejido adiposo, resistencia a la insulina, lipotoxicidad y alteraciones en lipoproteínas aterogénicas,
como hipertrigliceridemia y colesterol HDL reducido. Estos procesos contribuyen a una progresión
continua de la enfermedad cardiovascular, incluso en presencia de tratamiento estándar. La
identificación del riesgo cardiovascular residual requiere una evaluación integral que incorpore
marcadores metabólicos, inflamatorios y antropométricos, así como la valoración de comorbilidades
asociadas y del grado de adiposidad visceral. El abordaje terapéutico debe iniciarse de manera
temprana y personalizada, priorizando la reducción sostenida de peso, la mejora de la composición
corporal y la intervención intensiva sobre factores no tradicionales, como la inflamación, la
dislipidemia aterogénica y la resistencia a la insulina. Tratar el riesgo cardiovascular residual en la
obesidad es esencial para reducir eventos cardiovasculares y optimizar los resultados clínicos a
largo plazo.
GRASAS LÁCTEAS, OBESIDAD Y SALUD CARDIOMETABÓLICA
El rol de las grasas lácteas en la obesidad y la salud cardiometabólica ha sido objeto de debate en
las últimas décadas. Tradicionalmente, su contenido en grasas saturadas llevó a recomendar el
consumo de productos lácteos bajos en grasa; sin embargo, evidencia más reciente sugiere que el
impacto cardiometabólico de las grasas lácteas depende del contexto alimentario, la matriz del
alimento y el tipo específico de ácidos grasos presentes. Estudios observacionales y ensayos
clínicos han mostrado asociaciones neutrales o incluso inversas entre el consumo de lácteos enteros
y el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular. Desde una perspectiva
fisiopatológica, las grasas lácteas contienen compuestos bioactivos, como ácidos grasos de cadena
corta y media, ácido linoleico conjugado y fosfolípidos, que podrían influir favorablemente en la
sensibilidad a la insulina, la inflamación y el metabolismo lipídico. Además, la matriz láctea,
particularmente en productos fermentados como yogur y queso, modula la respuesta metabólica y el
perfil lipídico. En el contexto del manejo de la obesidad, la inclusión moderada de lácteos,
especialmente fermentados, puede contribuir a la saciedad, la preservación de masa magra y la
mejora del perfil cardiometabólico. La evidencia actual respalda un enfoque individualizado,
priorizando la calidad global de la dieta por sobre la restricción aislada de grasas lácteas.
OBESIDAD Y ENFERMEDAD RENAL CRÓNICA. UNA REVISIÓN ACTUAL
La obesidad es un factor de riesgo independiente y modificable para el desarrollo y progresión de la
enfermedad renal crónica (ERC). Más allá de su asociación con diabetes mellitus tipo 2 e
hipertensión arterial, la obesidad ejerce efectos directos sobre el riñón a través de mecanismos
hemodinámicos, metabólicos e inflamatorios. El exceso de adiposidad, particularmente visceral, se
asocia con hiperfiltración glomerular, activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona,
resistencia a la insulina, estrés oxidativo e inflamación crónica de bajo grado, contribuyendo a daño
estructural y funcional renal. La evidencia actual demuestra que la obesidad se relaciona con mayor
riesgo de albuminuria, disminución progresiva del filtrado glomerular y peor pronóstico renal. En este
contexto, la evaluación del paciente con obesidad y ERC requiere un enfoque integral que considere
la composición corporal, la presencia de comorbilidades cardiometabólicas y el estado nutricional.
Las estrategias terapéuticas incluyen la reducción de peso sostenida mediante intervenciones
nutricionales individualizadas, actividad física adaptada y terapias farmacológicas con beneficio
cardiorrenal, como agonistas del receptor GLP-1 y otros fármacos metabólicos. Un abordaje
temprano y multidisciplinario de la obesidad es clave para prevenir la progresión de la ERC y mejorar
los desenlaces renales y cardiovasculares a largo plazo.
OBESIDAD SARCOPÉNICA. DEL DIAGNÓSTICO A LA INTERVENCIÓN CLÍNICA
La obesidad sarcopénica es una entidad clínica emergente caracterizada por la coexistencia de
exceso de adiposidad y pérdida de masa y función muscular, lo que incrementa de manera
significativa el riesgo de fragilidad, discapacidad, caídas y eventos cardiometabólicos. Su diagnóstico
representa un desafío, ya que el índice de masa corporal por sí solo no permite identificar la
reducción de masa magra, siendo necesaria la evaluación de la composición corporal mediante
técnicas como bioimpedancia, DEXA o métodos funcionales, junto con pruebas de fuerza y
desempeño físico. Desde el punto de vista fisiopatológico, la obesidad sarcopénica se asocia a
inflamación crónica de bajo grado, resistencia a la insulina, inactividad física y envejecimiento,
factores que aceleran el deterioro muscular y la acumulación de grasa ectópica. El abordaje clínico
debe ser integral y personalizado, combinando intervención nutricional orientada a una adecuada
ingesta proteica de alta calidad, restricción calórica prudente y ejercicio físico, con énfasis en
entrenamiento de fuerza. La identificación precoz y el tratamiento dirigido de la obesidad
sarcopénica son fundamentales para preservar la funcionalidad, mejorar la calidad de vida y reducir
la morbimortalidad en poblaciones de riesgo.
LA REVOLUCIÓN DE LA FARMACOTERAPIA ANTIOBESIDAD: NUEVOS OBJETIVOS Y DESAFÍOS
La farmacoterapia antiobesidad ha experimentado una transformación sustancial en la última
década, redefiniendo el abordaje terapéutico de una enfermedad crónica, multifactorial y recidivante.
El desarrollo de fármacos dirigidos a nuevos objetivos fisiopatológicos, especialmente aquellos que
modulan el eje intestino–cerebro, el apetito y la homeostasis energética, ha permitido alcanzar
reducciones de peso clínicamente significativas y sostenidas. Agonistas del receptor GLP-1 y
terapias incretínicas de acción dual o triple han demostrado beneficios adicionales sobre el control
glicémico, la inflamación y el riesgo cardiometabólico, ampliando el impacto más allá de la pérdida
ponderal. No obstante, esta revolución terapéutica plantea desafíos relevantes en la práctica clínica,
incluyendo la selección adecuada de pacientes, el manejo de efectos adversos, la adherencia a
largo plazo y la sostenibilidad del tratamiento. Asimismo, la integración de la farmacoterapia con
intervenciones nutricionales, actividad física y abordaje conductual resulta esencial para optimizar
resultados y minimizar la recuperación de peso. Comprender los nuevos mecanismos de acción y los
retos asociados a la farmacoterapia antiobesidad es clave para avanzar hacia un tratamiento más
eficaz, personalizado y orientado a la reducción de complicaciones metabólicas y cardiovasculares.